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Esta guerra no iba de abstenerse

La batalla interna del PSOE tiene demasiados matices como para simplificarla a un apoyo o no a la investidura de Rajoy

Pedro Sánchez, en un acto desesperado, forzó a elegir entre él y los críticos optando por el "no es no" o la abstención para que Rajoy repita en La Moncloa. Muchos creyeron que esa era la cuestión. Rajoy sí, Rajoy no. Y otros animaron la versión con los supuestos pactos que Sánchez pretendía con los nacionalistas. Y los (no) suyos le dijeron que por ahí no pasaban. Que para eso ya tiene a Miquel Iceta representando la eterna duda que genera el PSC a los que no vivimos en Cataluña.

Pero los ganadores de esta reyerta de callejón, una vez logrado su primer objetivo, empezaron a decir que no tenían claro lo de abstenerse. Que, si era por ellos, terceras elecciones. Que daba igual lo que hubieran dicho las viejas glorias -muchas más sabias que las actuales promesas y realidades socialistas-, que una vez visto cómo respira la militancia, la que aupó a Sánchez, la que aboga por un cóctel imposible de izquierdas que cobije a los que se pasan por el forro la Constitución (ERC o la nueva Convergencia), los críticos querían complacerla porque ya llegará el turno de las primarias y los necesitan. Claro que los necesitan. 

Al menos, la gestora la capitanea quien ha puesto la sensatez necesaria -¡qué gran acierto Javier Fernández!- a un asunto que ya no parece que pueda escapársele de las manos a este PSOE dinamitado. No veo mejor solución que abtenerse en la investidura y rehacerse. Y aquí no pienso en España sino en el propio PSOE. Unas primarias a toda prisa con unos comicios el 18 de diciembre son un suicidio que Podemos ha alentado. Los comunistas están con el cianuro a mano para colaborar en la eutanasia socialista. Rápidamente comenzaron a presionar y no pararán, de forma más o menos velada, más o menos directa, porque deben mantener intacto su relato de gobierno alternativo. Por eso ven regímenes por todos los sitios: en la Transición, en el PSOE...

El PP ha hecho bien en no caer en la tentación de dejar morir al PSOE, aunque los había dispuestos a hacer sangre pasándose por el forro su tan cacareada defensa del sentido de Estado. Es bueno que los socialistas se tomen el respiro necesario para encontrar un líder solvente y creíble que pilote un partido que necesita un amplio debate interno. De ahí deberá salir una nueva formación socialdemócrata con la que la mayoría de sus militantes estén a gusto. No da tiempo a hacer todo esto en dos meses.

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