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Escocia sí, Baviera no

Analizamos por qué comparar los casos de Baviera o Cataluña con Escocia no tiene razón de ser

Hace apenas unos días conocíamos la decisión del Tribunal Constitucional alemán de prohibir, fruto de la petición de un ciudadano bávaro, las pretensiones del Länder de Baviera (Alemania) de votar unilateralmente su salida de la República Federal Alemana. El fallo del tribunal no pasó inadvertido en España, por el proceso soberanista en Cataluña y por las razones esgrimidas por la sala alemana, increíblemente parecidas a las utilizadas por el tribunal homólogo español cuando decidió dejar en suspenso el referéndum independentista previsto para finales de año.

La comparación no siempre llevó a la misma conclusión, claro. Muchos rechazaban la idea de equiparar el caso alemán para denegar la posibilidad de Cataluña de expresarse cuando solo dos años antes el caso de Escocia, que sí pudo votar su independencia, no se comparó con el caso catalán con tanta celeridad. Hoy, el porqué de la posibilidad de Escocia de votar su relación con el Reino Unido y la imposibilidad de hacerlo en Cataluña, Baviera o el Véneto.

La Ciencia Política, como disciplina que se precie, necesita de la clasificación y comparación para extraer similitudes o diferencias entre casos. Para muestra, las diferencias notables entre repúblicas y monarquías, presidencialismos o parlamentarismos, estados federales o centralizados o las distintas relaciones entre las cámaras, si hubiere más de una. Otra clasificación no demasiado conocida divide a los estados en modelo Westminster y modelo Consensual, en función de su articulación constitucional, su ley electoral, quién tome las decisiones en el banco central o cuán estrecha sea la relación entre poder ejecutivo y legislativo, entre otras características. En este caso concreto, nos interesa el sistema constitucional diferenciado en cada uno de estos modelos para explicar por qué asemejar Cataluña y Escocia y sus respectivas consultas es un error.

En el modelo Westminster, instaurado en países como Reino Unido, Barbados o Nueva Zelanda hasta el año 1996, el estado no tiene un texto constitucional único, como sí ocurre en los modelos Consensuales (asimilados en España, Alemania o Italia, entre otros). La no existencia de un texto constitucional único permite a los estados que han elegido este modelo de organización una mayor capacidad de maniobra y una interpretación más laxa de términos tales como la soberanía nacional, concepto rígido y protegido en los modelos Consensuales.

Fruto de la capacidad de maniobra a la que nos referimos, Escocia ha podido contar con la aprobación de la Cámara de los Comunes británica para celebrar su consulta, parlamento que, por ejemplo, suspendió la autonomía de Irlanda del Norte hasta cuatro veces entre 1998 y 2002 con la única necesidad de leyes simples. Por tanto, las pretensiones nacionalistas de entes regionales en el modelo Westminster se verán satisfechas o completamente aplastadas en función de quién controle el parlamento.

En el modelo consensual esto no funciona así. Las constituciones de los países adoptantes blindan la soberanía nacional, tema que nos ocupa. Así, cualquier intento de nacionalismo periférico en países con una constitución de este tipo será respondida inequívocamente con la negativa del órgano judicial que competa, pues las constituciones entienden que la soberanía es indivisible y la decisión territorial de una parte del estado compete a todos los ciudadanos de ese estado.

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