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Elecciones polisémicas

Las lecturas que los partidos políticos hacen de los resultados electorales fluctúan entre el absurdo y la utopía

¿Para qué sirven las elecciones además de para lo obvio, aunque en España eso se traduzca en tener que repetirlas sine die? Muy fácil: para que cada uno las interprete a su manera y así todos podamos opinar y elucubrar y rellenar líneas con estos mimbres. Porque solo parece que hay claras dos cosas: que ha ganado Feijóo y que ha ganado Urkullu y que ambos gobernarán. El resto, el festín de la subjetividad.

Aunque de todo ello también se deduce otra cosa: que nadie se mueve. El que más difícil lo tiene, Pedro Sánchez, se lanza a unas primarias que pueden confirmarle si las bases socialistas siguen sin ver quién está arruinando al PSOE o pueden apartarle del delirante camino en el que lleva meses instalado. Esto último sería una doble bendición, tanto para España como para él, que podría presumir de no haber cedido ni dimitido. Porque lo de presumir también es muy subjetivo.

De los comicios vascos y gallegos también se evidencia que la supervivencia de Ciudadanos pende de un hilo o, mejor dicho, de varias comunidades autónomas y un discurso con vocación nacional. Y que Podemos cosecha grandes resultados, aunque siempre alejado de la opción real de gobernar. Porque tampoco es muy exacto eso de comparar cuántos votos obtuvo Podemos en las generales y ahora en las autonómicas. Y listos como son, y poco de fiar, rápidamente han divisado la debilidad socialista y han prendido la mecha en Castilla-La Mancha. Están dispuestos a conquistar el cielo, ya lo advirtieron.

El PP es el otro gran actor, si no el más importante. Y bien contentos están en Génova con la victoria en Galicia. Dicen ellos que es una demostración de lo errónea que es la estrategia de Sánchez y lo acertada que es la postura del PP, aunque es fácil leer que Feijóo emociona al electorado y Rajoy no. Lo único bueno de ir a unas ignominiosas terceras elecciones sería la posibilidad de encontrarnos con candidatos diferentes al frente de PP y PSOE, aunque aún deben pasar demasiadas cosas como para que esto sea cierto. Da igual que muchos lo veamos necesario: los políticos de Madrid juegan con otro tablero.

*Foto: Arlise Cardoso en Flickr

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